Dificultades relacionadas con el orgasmo¿Siempre tiene que haber un orgasmo?
El orgasmo suele ocupar un lugar privilegiado dentro de nuestra idea de cómo “debería” ser una relación sexual.
A veces, tanto, que el encuentro parece dividirse en dos categorías: si hubo orgasmo, salió bien; si no lo hubo, algo falló.
Pero una experiencia sexual puede ser placentera, íntima y satisfactoria sin que necesariamente termine en un orgasmo.
No tener un orgasmo en un encuentro no constituye, por sí mismo, una dificultad sexual.
Necesitamos comprender qué está sucediendo, si representa un cambio, en qué situaciones aparece y, fundamentalmente, qué significa y cuánto malestar genera para esa persona.
¿Nunca ocurrió o algo cambió?
Hay personas que nunca experimentaron un orgasmo. Otras podían alcanzarlo y en algún momento comenzaron a encontrar dificultades.
También puede ocurrir que aparezca en determinadas situaciones y no en otras.
Una vez más, saber cuándo sucede y cuándo no puede ayudarnos a comprender la dificultad, pero no autoriza explicaciones automáticas.
Cada historia necesita ser entendida en su propio contexto.
El orgasmo tampoco es un examen
Cuando empieza la preocupación por “llegar”, es fácil que la atención se aleje de las sensaciones.
Aparecen preguntas:
¿Por qué todavía no puedo?
¿Qué tendría que estar sintiendo?
¿La otra persona se estará dando cuenta?
Y aquello que necesita conexión con el cuerpo puede convertirse en una evaluación permanente de si la respuesta está sucediendo como “debería”.
La otra persona también puede entrar en esa lógica y empezar a esforzarse cada vez más para conseguir el orgasmo.
Y el encuentro puede empezar a parecerse más a un examen que hay que aprobar que a un espacio para compartir placer.
El placer no funciona igual para todas las personas
Muchas personas llegan a la vida adulta con poca información sobre su propia respuesta sexual y con muchas ideas acerca de cómo debería producirse un orgasmo.
No todas las personas necesitan la misma estimulación, ni experimentan el placer de la misma manera.
Tampoco existe una única forma “correcta” de llegar al orgasmo.
Conocer el propio cuerpo y comprender la propia respuesta sexual también forma parte de construir una sexualidad más propia.
No todo ocurre “en la cabeza”
Las dificultades relacionadas con el orgasmo también pueden estar asociadas con medicamentos, determinadas condiciones médicas o neurológicas, cambios hormonales, dolor u otros factores biológicos.
Al mismo tiempo pueden intervenir ansiedad, estrés, experiencias previas, relación con el propio cuerpo, contexto, vínculo y expectativas.
Y muchas veces no existe una única causa.
Por eso no parto de una explicación previa. Primero necesitamos comprender qué está sucediendo.
Más que una meta
El orgasmo puede ser una experiencia muy placentera.
Pero no es el certificado de que hubo una buena relación sexual, ni su ausencia significa necesariamente que no hubo placer.
La sexualidad es mucho más amplia que una meta al final del encuentro.
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