Eyaculación retardadaCuando “llegar” empieza a convertirse en una obligación

Algunas personas consultan porque necesitan mucho tiempo para eyacular, porque solamente pueden hacerlo en determinadas circunstancias o porque durante un encuentro sexual no logran hacerlo.

A veces la dificultad estuvo presente desde el comienzo de su vida sexual. Otras aparece después de un período en el que la respuesta era diferente. También puede suceder que la eyaculación aparezca en algunas situaciones y no en otras.

El tiempo, por sí solo, no nos dice qué está sucediendo.

Necesitamos comprender cómo vive esa persona la dificultad, cuándo aparece, cuándo no y qué lugar fue ocupando en su sexualidad y en sus vínculos.

Que una respuesta aparezca en una situación y no en otra nos da información. No nos da, por sí sola, una explicación.

“Tengo que acabar”

A medida que el encuentro avanza y la eyaculación no llega, puede empezar a aparecer una preocupación:

“¿Por qué no puedo acabar?”

Y después otra:

“Tengo que acabar.”

Lo que comenzó como un encuentro sexual puede transformarse progresivamente en un esfuerzo por conseguir una respuesta.

La atención empieza a desplazarse hacia el tiempo, el propio cuerpo, lo que estará pensando la otra persona o cuánto más podrá continuar.

Cuanto mayor es la obligación de llegar, más difícil puede resultar permanecer conectado con aquello que se está sintiendo.

Algunas personas lo describen diciendo: “se me va la cabeza”. El cuerpo continúa en el encuentro, pero la atención empieza a alejarse de las sensaciones y del placer.

Dos dificultades diferentes, una misma exigencia

En la eyaculación rápida la preocupación puede ser:

“Todavía no. Tengo que aguantar.”

En la retardada puede convertirse en:

“Dale. Tengo que acabar.”

Son dificultades distintas, pero en ambas puede ocurrir que la experiencia sexual empiece a organizarse alrededor de conseguir —o impedir— una determinada respuesta corporal.

Y el placer quede en segundo plano.

La otra persona también está en el encuentro

Cuando la eyaculación tarda mucho en aparecer, la otra persona también puede empezar a preguntarse qué sucede.

Puede sentirse responsable, pensar que no está generando suficiente excitación o interpretar la dificultad como falta de deseo.

Al mismo tiempo, quien intenta eyacular puede percibir esa preocupación y sentirse todavía más observado o exigido.

Así, casi sin darse cuenta, dos personas pueden terminar trabajando para conseguir una eyaculación en lugar de estar compartiendo una experiencia sexual.

Cada cuerpo aprende su propia manera de responder

A lo largo de la vida vamos construyendo formas particulares de excitarnos y de experimentar placer.

En algunas personas existen modos de estimulación muy específicos que resultan fáciles de reproducir en ciertas circunstancias y difíciles en otras.

Eso no significa que alguien se masturbe “mal”, ni permite concluir automáticamente que una determinada práctica o el consumo de pornografía expliquen la dificultad.

Primero necesitamos comprender qué sucede en esa persona.

No todo es psicológico

Las dificultades para eyacular también pueden estar relacionadas con medicamentos, consumo de sustancias, condiciones médicas, factores neurológicos, intervenciones quirúrgicas, cambios asociados a distintas etapas de la vida u otros aspectos biológicos.

Por eso no parto de explicaciones como “no puede soltarse”, “necesita controlar” o “es un problema emocional” antes de comprender qué está sucediendo.

Una dificultad sexual puede tener más de un factor interviniendo al mismo tiempo.

Mucho más que llegar

El problema no siempre es solamente cuánto tiempo tarda una persona en eyacular.

A veces el verdadero sufrimiento aparece cuando todo el encuentro empieza a quedar organizado alrededor de esa respuesta.

La sexualidad puede volver a ser algo más amplio que la obligación de llegar.

Contacto

¿Querés contarme qué te está pasando?

Podés escribirme y contarme brevemente qué te sucede o qué te llevó a consultar.

No hace falta que sepas de antemano qué tipo de terapia necesitás ni que puedas explicar perfectamente lo que te ocurre.

A partir de lo que me cuentes podemos empezar a pensar cuál puede ser la manera más adecuada de abordarlo.